La migración cubana a Veracruz  (siglos XIX y XX)

     Bernardo García Díaz

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Las relaciones entre Cuba y Veracruz, son de vieja data y se remontan al momento del establecimiento de la Villa Rica de la Veracruz. Sus fundadores vendrían precisamente desde Cuba, que en el primer tercio del siglo XVI, se había convertido en el enclave de los caminos de la conquista, en la base desde la cual partirían las expediciones ibéricas para ensanchar prodigiosamente el naciente imperio hispano. A partir de estos años y durante todo el periodo colonial se estableció una estrecha relación entre los puertos de La Habana y Veracruz, lo mismo por las necesidades estratégicas del dominio colonial español que por relaciones de intercambio mercantil. Éstas incluirían un movimiento de corrientes humanas que por diferentes motivos se trasladaban de la Isla al continente y en sentido opuesto, y también comprendían desde luego un trasiego cultural, tanto de propagación de ideas y corrientes de pensamiento como de diversas formas de cultura popular.

Dentro de esta larga e intensa historia de relaciones entre Cuba y Veracruz existe un capítulo esencial, representado por la crucial migración cubana que llegó desde el último tercio del siglo XIX y los albores de la siguiente centuria. Esta migración sería en buena medida la responsable de la cubanía del puerto jarocho, de su impronta caribe, evidente en su gracejo, en su pasión por el ritmo y en la extroversión que lo singulariza hasta la actualidad, entre todos los puertos del país.

La migración cubana que se integraría y amalgaría perfectamente con el pueblo veracruzano ya desde el último cuarto del XIX, constituiría una aportación para la entidad costera y particularmente para el puerto de Veracruz. No sólo sería relevante por los profesionistas de diversos campos que arribaron, o por la aportación que ofrecieron destacados intelectuales ––como el propio José Miguel Macías o Idelfonso Estrada y Zenea, profesor, periodista e historiador––, o incluso por el capital que trajeron algunos pequeños empresarios, como los que modernizaron la manufactura tabacalera en Los Tuxtlas, también sería relevante por las habilidades y los oficios que traía consigo mucha gente sencilla, sin títulos y anónima, que habría de contribuir a enriquecer la vida veracruzana en diversas esferas productivas, tanto del campo como de las ciudades. A lo anterior se debe sumar la influencia musical, que sería fundamental para el desarrollo de la música veracruzana a lo largo de todo el siglo XX. Si partimos de que la música es una de las mayores alegrías ––quizás la más indispensable junto con la literatura–– que Cuba ha dado al mundo, podemos considerar a Veracruz privilegiado por haber recibido también tamaño legado.